¿A qué se debe el raro orden de los teclados?

(Rayneris Sánchez Capote, 2017-03-16 17:24:03)

Puede que no sean tan supersticiosos como los atletas, pero con frecuencia los escritores admiten que visitan lugares y usan accesorios que supuestamente tienen el poder de hacer fluir las palabras. Agatha Christie concebía sus tramas dentro de una enorme tina victoriana, recreando homicidios mientras saboreaba manzanas. James Joyce escribía con un lápiz azul en la cama, vestido con un abrigo blanco. Otros se aferran a sus equipos, como Cormac McCarthy, Tom Wolf y Don DeLillo, quienes nunca se distancian de sus máquinas de escribir. Pero ninguno de ellos dice nada sobre la curiosa configuración del teclado que golpean todos los días con sus dedos. Y que no lo hagan es significativo: mientras que todos los demás aspectos de los aparatos que usamos para dejar registro de la palabra han cambiado, el teclado, conocido como “Qwerty” por la disposición de las teclas en la fila superior izquierda, permanece inmutable. La historia de cómo Qwerty llegó a convertirse en regla en los países de habla inglesa -y, con algunas alteraciones, en español- es algo turbia y esconde un apasionado debate que permanece ajeno a la mayoría de nosotros. ¿Cuestión de la velocidad? Las primeras máquinas de escribir eran incómodas, pero siempre conservaban un el orden alfabético. ¿Por qué cambió esa disposición de las letras? Cuenta la leyenda que el Qwerty fue creado para disminuir la velocidad de los tipógrafos. Era una necesidad. En los primeros modelos de máquinas de escribir las teclas estaban conectadas a un brazo metálico, que se activaba cuando eran presionadas. Si activabas una y rápidamente presionabas otra cercana antes de que el brazo metálico de la primera volviera a su posición original, terminabas con las teclas bloqueadas. La búsqueda de una solución a este problema estuvo presente en la mente de los inventores de las máquinas de escribir, entre ellos Christopher Sholes. Nacido en Pensilvania en 1819, fue reconocido como integrante del equipo que inventaría uno de los modelos comerciales de máquina de escribir más conocidos. Su aventura con las máquinas comenzó en 1867, cuando leyó un artículo donde describían el Pterotipo, un prototipo de máquina de escribir inventado por John Pratt. El artículo decretaba la muerte inminente de la pluma, esa “difícil e insatisfactoria” herramienta que sería sustituida en breve por el placer de “tocar el piano literario”. Sholes se inspiró en esta idea y se asoció con Samuel Willard Soulé, para crear una máquina cuyo teclado contaba con dos filas con letras de marfil y de ébano, muy parecido a un piano. En los años siguientes el proyecto atrajo a otras personas, como Carlos Gidden, el relojero Matthias Schwalbach y el empresario James Densmore. En 1868 la primera máquina de escribir fue enviada al Porter’s Telegraph College, en Chicago. Desafortunadamente no la utilizaron mucho, debido a que el teclado no contenía números, lo cual era indispensable para la transcripción del código Morse. Sholes le agregó números, pero el problema de bloqueo de teclas continuaba. Fue cuando surgió la idea del Qwerty, sistema que para muchos fue creado por él, aunque hay quien afirma que Densmore fue el autor de la sugerencia. La ingeniosa idea ubicaba la combinación de dos letras de uso muy frecuente a una distancia razonable entre sí. Este teclado tomó finalmente la forma que hoy conocemos cuando la compañía E. Remington and Sons compró la patente en 1873 (hasta entonces el punto y aparte, por ejemplo, iba donde hoy va la “R”). Si Qwerty logró o no disminuir la velocidad de los mecanógrafos, es algo que se sigue debatiendo. Entre sus opositores figura August Dvorak, un psicólogo educacional que estaba convencido de que Qwerty podía ser mejorado.

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